Lo tenía ante sí. El Ice-9, aunque en su investigación Paul siempre lo llamó Vonnegut, en honor al escritor que le dio la inspiración. Eran las 3 de la madrugada y nadie quedaba ya en el laboratorio salvo algún que otro vigilante. Sintió la necesidad de probarlo. Sabía que con sus anotaciones podría volver a reconstruir la molécula cuando quisiera. Pero no tenía nada a mano. Ni un botellín ni un vaso de agua y por supuesto no quería probarlo en el lavabo pues era demasiado peligroso. El poder de la molécula podría extenderse por las cañerías y afectar a todo el país. Sabía que el poder de destrucción de lo que había creado era inmenso. En pocos instantes, toda una gran superficie de agua podía ser congelada si la molécula la tocaba. Ésto sólo sucedía con el agua dulce puesto que la sal del agua marina impedía la acción que la molécula tenía sobre los enlaces de hidrógeno.
Cuando llegó a casa eran las 5 de la madrugada. El portero de su edificio, Oscar, estaba durmiendo, por lo que no estaba para abrirle la puerta. Al día siguiente era domingo por lo que podría dormir más. Cuando se levantó eran casi las 3 del mediodía. Sin duda, fue un descanso merecido. Decidió tomarse ese día de relax. Ya avisaría y daría parte a Mark el lunes... Llamó a su novia Mary para tomar un café por la tarde e ir al holocine. No le dijo nada de su descubrimiento. Pasaba la mayor parte de su vida entre fórmulas y probetas y su novia era la única salida a esa vida. Ella y el hermano mayor de Paul, Robert. Rob le llamó como siempre que había partido de los Bulls. En este caso, la videollamada llegó a las 8 de la tarde. Para un día que podía, Paul no se lo pensó y fue con su hermano al United Center para ver el partido. El día era redondo. Los Bulls ganaron a los Boston Celtics. Nada podía salir mal.
Cuando llegó a casa a las 11 de la noche, algo no iba como de costumbre. Oscar no estaba allí para abrir la puerta, lo cuál era muy extraño por parte del servicial portero que nunca dejaba su puesto de trabajo hasta que acababa su jornada a medianoche. No obstante, siguió su camino hacia el ascensor hasta que reparó en un gran charco que doblaba la esquina del hall. Era oscuro. Era sangre...
El miedo le invadió. No sabía si seguir o dar la vuelta y correr. Tomó todo el coraje que tenía y se acercó al charco para ver la causa del mismo, hasta el momento tapada por la esquina. Se trababa de Oscar. Le habían disparado. Un tiro certero en la cabeza. Rápidamente subió al octavo piso donde estaba su casa. La puerta estaba abierta...
No lo pensó. Entró en su casa silenciosamente. Las luces estaban encendidas pero se dio cuenta de que allí ya no había nadie. Quien fuera el que mató a Oscar y entró en su casa ya no estaba allí. Eso sí, había montado un caos monumental. Lo había desordenado todo y sin duda, Paul sabía porqué. Rápidamente fue hacia donde había guardado sus anotaciones sobre la molécula Vonnegut. No estaban...
No sabía que hacer. Nadie sabía de su descubrimiento. Lo primero que se le pasó por la cabeza fue llamar a Mark. Era el único en quien confiaba y que le podría ayudar. Marcó su número con temor y le explicó entrecortadamente todo a su amigo. A la media hora Mark se presentó en el edificio. Dejó su coche aerodeslizable mal aparcado en la acera y se dirigió a casa de Paul. Allí, Paul le acabó de contar la historia... "Te debería poner unas esposas y meterte de cabeza en la cárcel por no avisarnos de lo que tenías entre manos, pero no tenemos tiempo" Ambos acordaron que lo mejor era mantenerlo todo en secreto y sólo confiar en las personas de mayor confianza o el país se sumiría en el caos. "Lo primero que tenemos que hacer es saber quién ha hecho esto...¿No hay grabaciones de seguridad?" preguntó Mark. Paul recordó que Oscar en su moderna garita tenía grabaciones en hologramas de las 24 horas del día. Al instante, bajaron a la garita. Paul se puso a buscar la grabación de esa noche mientras Mark llamaba a tres colegas del FBI para que limpiaran la escena del crimen de Oscar. Lo último que necesitaban era una investigación policial. Avisó a su superior y le puso al corriente de la situación. La alerta era máxima.
Mientras, Paul había dado con el momento del asesinato de Oscar. Cuatro hombres armados entraron por la fuerza y dispararon al portero. "Mierda"-dijo Mark que había llegado sin que Paul se diera cuenta-"Sin duda son miembros de la Supremacía del Sol. Llevan tiempo dándonos problemas..." Paul había oído hablar de ellos. La Supremacía de Sol era una banda terrorista norcoreana que trabajaba para los intereses del Gobierno Chino. La Guerra Fría acababa de llegar a casa de Paul Johnson.
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